ACUERDO DE COLABORACIÓN ENTRE LA FUNDACIÓN ASISA Y LA ASOCIACIÓN PARA EL ESTUDIO DE LA ECOLOGÍA HUMANA (AEEH) PARA EL PROYECTO DE UN MUSEO VIRTUAL DE ECOLOGÍA HUMANA
06/11/2018
La Fundación ASISA y la Asociación para el Estudio de la Ecología Humana (AEEH) suscriben el acuerdo de colaboración para contribuir al desarrollo del contenido del Museo Virtual de Ecología Humana (MVEH).
El MVEH, diseñado como herramienta virtual de consulta, formación y divulgación, alberga espacios expositivos cuyos contenidos giran en torno a la transformación temporal de la diversidad biocultural, al mantenimiento de la salud de las poblaciones y a la sostenibilidad de los ecosistemas, con especial referencia a la contribución de las mujeres a la gestión ambiental.
La AEEH tiene como objetivo desarrollar actividades científicas, docentes de divulgación y de concienciación activa relacionadas con la interacción entre Biología y Cultura estando en la actualidad, implicada en la creación y desarrollo del Museo Virtual de Ecología Humana (MVEH) que forma parte del Proyecto “Mujeres, diversidad biocultural y sostenibilidad”, desarrollado por un equipo de investigadores de Ciencias Naturales y Sociales coordinado desde la Universidad Autónoma de Madrid.
El MVEH cuenta con el patrocinio y colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid, de la Comisión Nacional Española de UNESCO, del Ministerio de Cultura y Deportes y de otras instituciones: museos, Asociaciones y ONG, con las que se han firmado los correspondientes convenios de colaboración.
Museo Virtual de Ecología Humana: http://museoecologiahumana.org/
El tejo, un ejemplo de árbol urbano con tradición de usos y aprovechamientosprotagonizan la pieza de mayo del Museo de Ecología Humana y Fundación ASISA
Justicia y pueblos indígenas en el Ártico: más allá de la geopolítica y la economía
2020. Paisaje ártico en Noruega. Noruega es uno de los ocho Estados miembros del Consejo Ártico, hogar del pueblo Sami, una población indígena cuyos territorios tradicionales también se extienden a lo largo de Suecia, Finlandia y la Federación de Rusia. Foto: J. Vibe © J. Vibe
Durante décadas, el Ártico ha sido representado en el imaginario colectivo como un espacio prístino, remoto y casi ajeno a la historia humana: un territorio de hielo y silencio situado en los márgenes del mundo habitable. El siglo XXI ha marcado un punto de inflexión. Como consecuencia directa del cambio climático, el Ártico ha pasado de ser percibido como un espacio inaccesible a convertirse en una región crecientemente transitable. El retroceso acelerado del hielo marino, la apertura de nuevas rutas de navegación y el acceso a recursos naturales antes inaccesibles han generado un interés creciente —y, en muchos casos, desbordante— por las oportunidades económicas, estratégicas y militares que ofrece la región. Este renovado interés ha tendido a centrar el análisis del Ártico en su dimensión estatal y geopolítica, desplazando con frecuencia a un segundo plano su dimensión humana. Sin embargo, esa dimensión humana resulta esencial para comprender el Ártico contemporáneo. Lejos de ser un espacio vacío o intocado, el Ártico ha sido, desde tiempos inmemoriales, un territorio habitado, vivido y gestionado, tanto por las poblaciones indígenas que lo han poblado durante milenios como por dinámicas políticas, económicas y estratégicas más recientes y que hoy lo sitúan en el centro de la agenda global.
Inuits, samis, aleutianos, atabaskanos, gwich’in y numerosos pueblos indígenas de Siberia, entre otros, han desarrollado, a lo largo de milenios, sofisticadas formas de adaptación a uno de los entornos más hostiles del planeta. Sus sistemas de conocimiento, organización social y relación con la naturaleza forman parte indisociable de los ecosistemas árticos.
El llamado encuentro con exploradores y colonizadores procedentes de otras latitudes —especialmente entre los siglos XVIII y XX— tuvo consecuencias profundamente traumáticas. El colonialismo, la introducción de enfermedades desconocidas, la desposesión territorial y las políticas de asimilación forzada provocaron la ruptura de estructuras sociales, culturales y lingüísticas. La conquista del Ártico, simbolizada por gestas como la supuesta llegada de Robert E. Peary al Polo Norte en 1909, se apoyó en una concepción jurídica que consideraba estos territorios como terra nullius, ignorando deliberadamente la presencia y los derechos de las poblaciones indígenas que los habitaban.
Frente a esta historia de marginación, en la región se da una experiencia notable en términos de gobernanza inclusiva: el Consejo Ártico (Arctic Council) es el único foro internacional en el que las organizaciones que representan a las poblaciones indígenas de la región participan como «Participantes permanentes». Este estatus les otorga el derecho a sentarse en la mesa de decisión junto a los ocho Estados árticos, intervenir en los debates y contribuir activamente a la elaboración de políticas y recomendaciones, aunque sin derecho de voto formal. Se trata de un modelo sin precedentes en otros contextos regionales o globales y constituye un reconocimiento explícito de que los pueblos indígenas no son meros grupos afectados por las políticas árticas, sino actores políticos con legitimidad propia.
Este reconocimiento adquiere una relevancia particular en el contexto actual de cambio climático acelerado. El Ártico se está calentando a un ritmo muy superior al de otras regiones del planeta, lo que está transformando de manera radical los ecosistemas y las condiciones de vida. El adelgazamiento y la desaparición del hielo marino afectan directamente a especies clave y alteran cadenas tróficas enteras. Para las poblaciones indígenas, cuyos modos de vida están estrechamente vinculados a estos ciclos naturales, estos cambios tienen consecuencias que van más allá de lo económico: inciden en la cohesión social, la transmisión cultural, la salud física y mental y el sentido mismo de pertenencia al territorio.
A estos impactos se suma el aumento de la actividad humana en la región. La extracción de petróleo, gas y minerales, el incremento del tráfico marítimo y el desarrollo del turismo polar intensifican la presión sobre un entorno extremadamente frágil. Aunque estas actividades pueden generar ingresos y empleo, también plantean importantes desafíos ambientales y sociales, especialmente cuando se desarrollan sin una participación efectiva de las comunidades locales. En este contexto, no es infrecuente que los grandes proyectos extractivos e, incluso, los vinculados a la transición energética, sean percibidos por las poblaciones indígenas como nuevas formas de green colonialism, cuando priorizan objetivos globales sin atender adecuadamente a las realidades locales.
En el centro de estas dinámicas se sitúa una cuestión fundamental: la justicia. Para las poblaciones indígenas del Ártico, los profundos cambios que atraviesa la región —derivados del cambio climático, la intensificación de actividades extractivas y la reconfiguración geopolítica— plantean retos que afectan simultáneamente a cuatro dimensiones de la justicia: distributiva, intergeneracional, procesal y de reconocimiento.
En relación con la justicia distributiva, muchas comunidades indígenas soportan de manera desproporcionada los costes ambientales y sociales del desarrollo (degradación de ecosistemas, pérdida de territorios de caza o pastoreo, riesgos para la salud), mientras que los beneficios económicos —como los ingresos o el empleo cualificado— suelen concentrarse fuera de las comunidades locales o incluso fuera de la región.
La justicia intergeneracional, por su parte, hace referencia a que para las poblaciones indígenas —cuya identidad cultural está estrechamente vinculada a la transmisión intergeneracional de conocimientos, prácticas y relaciones con la naturaleza— la degradación del entorno no solo amenaza medios de subsistencia actuales, sino también la continuidad misma de sus pueblos como comunidades culturalmente diferenciadas.
Respecto a la justicia procesal, la ausencia de mecanismos efectivos de participación, consentimiento y codecisión erosiona la confianza en las instituciones y debilita la legitimidad de las políticas adoptadas, incluso cuando estas persiguen objetivos ambientalmente loables, como la transición energética.
Finalmente, la justicia de reconocimiento plantea el respeto y la valoración de las identidades, culturas, sistemas de conocimiento y formas de vida de los pueblos indígenas.
Todo ello acontece, además, en un contexto internacional marcado por la crisis del orden liberal surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Principios estructurales del Derecho Internacional contemporáneo como el de la prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza, la igualdad soberana o la libre determinación de los pueblos, entre otros, se ven crecientemente cuestionados por dinámicas autoritarias y mercantilistas, visibles también en el Ártico, como ilustra el debate en torno a Groenlandia en el marco de las políticas expansionistas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
El Ártico no es un escenario geopolítico aislado ni ajeno al resto del planeta. Lo que allí ocurre —el deshielo acelerado, la presión sobre ecosistemas frágiles, la búsqueda de recursos, la reivindicación de justicia social— anticipa dilemas que afectan al conjunto de la humanidad. Así, la región actúa como un espejo: refleja los límites de nuestros modelos de poder y desarrollo y nos obliga a repensar nuestra relación con la naturaleza, con los pueblos que la habitan y con las generaciones futuras.
Elena Conde Pérez es profesora titular (acreditada de catedrática) de Derecho Internacional Público de la Universidad Complutense de Madrid, directora del Diploma UCM en Estudios Polares e Investigadora asociada del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI).
Para saber más:
Conde Pérez E. 2021. Las poblaciones indígenas del Ártico: realizaciones de su derecho de libre determinación, Anuario de los Cursos de Derechos Humanos de Donostia-San Sebastián, vol. XX, Tirant lo Blanch, pp.157-186. Conde Pérez E. 2025. El futuro de la Unión Europea en el Ártico: retos de sostenibilidad social y consentimiento en la transición energética, Revista General de Derecho Europeo, 65: 186-221.
Conde Pérez E. 2025. Voces del Ártico y ambiciones de la Unión Europea ante una nueva política para la región ártica: una prueba de legitimidad, blog del ICEI
Proyecto H2020 JUSTNORTH, 2020-2023. Toward Just, Ethical and Sustainable Arctic Economies, Environments and Societies, JUSTNORTH fue un proyecto europeo de investigación financiado por Horizonte 2020, coordinado por la Universidad de Uppsala (Suecia) y desarrollado por un consorcio de 17 centros de investigación, entre ellos la Universidad Complutense de Madrid a través del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. Elena Conde dirigió el Grupo de Trabajo 6 (WP6) dedicado a identificar cómo introducir criterios de justicia en los marcos regulatorios del Ártico como base de la sostenibilidad. El proyecto culminó con la elaboración de un Informe de Recomendaciones para una Política Ártica integrada de la Unión Europea, cuyo resumen realizado por la autora de la Pieza para The Conversation está disponible en «Por un Ártico más justo y sostenible en la era del cambio climático» (2023).
La Fundación ASISA y el MVEH dedican la pieza del mes de diciembre 2025 y enero 2026 al manejo y gestión de los espartizales en la Península Ibérica
La Fundación ASISA y el Museo Virtual de Ecología Humana (MVEH) han elegido como pieza destacada del mes de diciembre 2025 y enero 2026 la titulada “los paisajes del esparto”, elaborada por José Fajardo Rodríguez, profesor de la Universidad Popular de Albacete. Desde al menos 12.000 años, el manejo y gestión de los espartizales en la Península Ibérica ha ido configurando un paisaje cultural de gran interés, herencia ancestral de los hombres y mujeres del esparto.
La promoción de la “pieza del mes” es una iniciativa del MVEH en el marco de colaboración que Fundación ASISA mantiene desde 2018 con la Asociación para el Estudio de la Ecología Humana (AEEH) con el fin de contribuir al desarrollo del contenido del museo.
El MVEH, diseñado como herramienta virtual de consulta, formación y divulgación, alberga espacios expositivos cuyos contenidos giran en torno a la transformación temporal de la diversidad biocultural, al mantenimiento de la salud de las poblaciones y a la sostenibilidad de los ecosistemas, con especial referencia a la contribución de las mujeres a la gestión ambiental.
Puede leer la pieza completa en el siguiente enlace
Visita el MVEH en el siguiente enlace
LA FUNDACIÓN ASISA PATROCINA LA PROYECCIÓN DEL DOCUMENTAL “EL LEGADO DE LAS PASTORAS”
El próximo 20 de noviembre se proyectará en el Museo de Artes y Tradicionales Populares - Centro Cultural La Corrala (MATP-La Corrala, UAM) el documental El Legado de las pastoras, al que seguirá un diálogo con las protagonistas del documental, quienes fueron niñas pastoras del Valle Bajo del Lozoya (Madrid). La fundación ASISA patrocina esta actividad que ha organizado por el MATP-CC La Corrala, la Mancomunidad del Embalse del Atazar y la AEEH
La fundación ASISA tiene suscrito un convenio de colaboración con la Asociación para el Estudio de la Ecología Humana desde el año 2020, lo que ha permitido, entre otras actividades, mantener el proyecto del museo virtual de la ecología humana, donde cada mes se incorpora una obra nueva y al que se puede acceder a través del enlace siguiente: http://museoecologiahumana.org/
Esta colaboración ha permitido también la edición del libro “Y la cesta a la cabeza: niñas de posguerra en la Alcarria de Guadalajara”.
El Museo Virtual de Ecología Humana presenta la exposición temporal “Parir, criar y llorar: una nodriza de Gredos y un expósito de Madrid a mediados del siglo XIX”
El Museo Virtual de Ecología Humana (MVEH) presenta la exposición temporal denominada “Parir, criar y llorar: una nodriza de Gredos y un expósito de Madrid a mediados del siglo XIX”. Esta Exposición narra el encuentro, en 1859, de Juan, un niño nacido en el desamparo de Madrid, un inclusero, y de una mujer de un pueblo de la Sierra de Gredos, Paula Martín, que será su nodriza a sueldo de la beneficencia. La Exposición enlaza así dos ámbitos sociales —la ciudad y el campo— en la época de restauración y pujanza económica bajo Isabel II, revisando la maternidad y la infancia, los cuidados y el desamparo, en suma, ¿qué sucede si falla la madre?. Ha sido coordinada por Wolfram Aichinger, profesor e investigador de la Universidad de Viena.
El MVEH, diseñado como herramienta virtual de consulta, formación y divulgación, alberga espacios expositivos cuyos contenidos giran en torno a la transformación temporal de la diversidad biocultural, al mantenimiento de la salud de las poblaciones y a la sostenibilidad de los ecosistemas, con especial referencia a la contribución de las mujeres a la gestión ambiental.
Puede acceder a la exposición en el siguiente enlace
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